Por qué los inversionistas colombianos prefieren comprar apartamentos directamente a propietarios

Una perspectiva desde el mercado


Por un inversionista inmobiliario independiente, Bogotá

En los últimos años he observado un cambio en la forma en que una parte de los inversionistas inmobiliarios en Colombia — especialmente quienes operamos en Bogotá — estamos accediendo a propiedades. El canal preferido ya no es siempre el corredor ni la inmobiliaria. Cada vez más, la transacción ocurre directamente entre el propietario y el comprador, sin intermediarios que agreguen tiempo y costos a un proceso que, de por sí, ya tiene suficientes variables.

No es una tendencia menor. Según datos del DANE sobre transacciones de vivienda usada en Bogotá, el volumen de operaciones en ciertos segmentos del mercado ha mostrado variaciones que no se explican completamente por el comportamiento de los portales inmobiliarios tradicionales. Una porción de ese movimiento ocurre por fuera del radar convencional. Lo que antes era inusual — comprar directamente a un propietario que necesita vender con urgencia — se está convirtiendo en una práctica reconocida dentro del mercado.

En Engativá y en algunos conjuntos del occidente de la ciudad, he visto operaciones directas cerrarse en cuatro a seis semanas desde el primer contacto — contra los ocho o diez meses que el mismo inmueble podría estar publicado en portales sin concretar nada.


El problema estructural del canal tradicional

El mercado inmobiliario tradicional está diseñado para un objetivo específico: maximizar el precio de venta del propietario, incluso si eso implica esperar meses o más de un año para encontrar al comprador adecuado. Para ciertos perfiles de vendedor, ese diseño funciona bien. Para otros — los que necesitan resolver en semanas, no en trimestres — el canal convencional es estructuralmente inadecuado.

Desde la perspectiva del inversionista, el canal tradicional también presenta fricciones concretas: precios sobrevaluados en los portales de avisos, propietarios que no tienen documentación en orden, y tiempos de escrituración que se extienden por factores que ninguna de las dos partes controla. En este contexto, he encontrado que plataformas como Compro Propiedad Raíz operan bajo un modelo que conecta directamente a propietarios que necesitan vender rápido con compradores o intermediarios especializados, sin el ciclo de publicación y espera del mercado convencional.


La lógica de la compra directa

Hay una lógica de negocios detrás de la preferencia por la compra directa que va más allá de la conveniencia operativa. Un propietario que necesita vender en semanas tiene incentivos muy distintos a uno que puede esperar indefinidamente a que aparezca la oferta ideal. Esa diferencia de urgencia generalmente se traduce en disposición a negociar — no necesariamente a aceptar cualquier precio, sino a llegar a acuerdos con mayor velocidad y menos condicionantes sobre la transacción.

El proceso es también más limpio. Sin inmobiliaria en el medio, la comunicación es directa, la documentación se gestiona entre las partes involucradas, y los plazos de escrituración se negocian bilateralmente. En mi experiencia, las operaciones que se complican con mayor frecuencia no son las más complejas jurídicamente — son las que tienen más actores intermedios con intereses que no necesariamente están alineados.

Hace un par de años tuve acceso a un apartamento en Salitre — el propietario llevaba casi un año publicado, necesitaba la liquidez para resolver una situación personal, y los interesados que llegaban por portales siempre cayeron en el mismo problema: el crédito hipotecario tardaba más de lo que el propietario podía esperar. La operación directa cerró en cinco semanas desde el primer contacto.


Lo que los datos de mercado muestran


El inventario de propiedades que permanece en el mercado tradicional por periodos extendidos — seis meses, un año, más — no siempre refleja un problema de demanda. Con frecuencia refleja un desajuste entre el precio pedido y el precio al que el mercado está dispuesto a cerrar. Ese inventario represado es precisamente donde la compra directa encuentra su espacio más natural.

El propietario que lleva meses esperando en el mercado tradicional y tiene una necesidad de liquidez real tiene una disposición diferente a cuando publicó el inmueble por primera vez. El comprador que puede ofrecer certeza y velocidad — aunque no el precio máximo — ocupa un lugar que el canal convencional no cubre. Para quien quiera explorar cómo opera esta dinámica en la práctica, ver más sobre este modelo da una idea concreta de cómo funciona desde el lado del comprador directo.


Una observación sobre hacia dónde va esto

La Lonja de Propiedad Raíz de Bogotá publica periódicamente indicadores del comportamiento del mercado inmobiliario en la ciudad. Lo que los datos de distintos corredores sugieren es que la brecha entre precio de oferta y precio de cierre efectivo ha mostrado variaciones relevantes en algunos segmentos. Esa brecha es el espacio donde la negociación directa opera con mayor eficiencia que el canal intermediado.

Hablando con un abogado notarial que maneja un volumen considerable de transacciones en la zona norte, me comentó que en el último año ha visto un aumento notable en escrituras de compraventa directa sin inmobiliaria intermediaria — especialmente en rangos de precio entre 200 y 400 millones. No es un dato oficial, pero es una señal que vale la pena observar. 

No tengo certeza sobre si el modelo de compra directa se consolidará como una alternativa establecida o seguirá siendo un nicho dentro del mercado inmobiliario colombiano. Lo que sí puedo decir, desde lo que observo en el día a día de este sector, es que la conversación sobre canales alternativos de venta está ganando presencia — entre propietarios, entre inversionistas, y entre asesores jurídicos que ven un volumen creciente de este tipo de transacciones. El mercado, en últimas, tiende a encontrar los canales que resuelven mejor las necesidades reales de sus participantes.